Desplazamiento 
Desarrollo 
Derechos Humanos

Contenido

  1. Editorial
  2. Tema de Opinión: Visita de Olara Otunnu a Colombia
  3. Notas sobre desplazamiento y cronograma.

English version

Miembros de DIAL

Observador

El contenido de esta publicación no refleja necesariamente la opinión de las agencias DIAL

Ediciones anteriores:
 
a
Editorial | Opinión | Recuadro de datosBreves | DIAL
DIALOGO: 
Tema Central
Informativo Bimestral Nº 2 · Julio de 1999 · Versión en español

VISITA DE OLARA OTUNNU A COLOMBIA

Por: Martin Kelsey

En 1993, Graça Machel (ex-Ministra de Educación y Primera Dama de Mozambique) fue comisionada para producir un estudio global sobre el impacto del conflicto armado sobre la niñez. Ella realizó una serie de consultas regionales y en 1996 visitó Colombia. Esta visita representó la consulta regional para América Latina y el Caribe. Un seminario organizado por Unicef, Save the Children y la Defensoría del Pueblo, entre otros, reunió delegados de varios países de la región afectados por conflictos, situaciones pos-conflicto y embargos económicos. Después del seminario, Graça Machel y su equipo visitaron Urabá para encontrarse cara a cara con niños desplazados por el conflicto armado en Colombia.

En su informe final ante las Naciones Unidas Graça Machel, resaltó tales experiencias e hizo la recomendación específica para que se nombrara un Representante Especial de la Secretaria General por niños en el conflicto armado. Olara Otunnu fue nombrado en este cargo en 1997. Nacido en 1950 en Uganda, fue líder estudiantil en la lucha contra el dictador Idi Amin. Fue también Ministro de Relaciones Exteriores durante las negociaciones de paz en 1985 y ha tenido una serie de posiciones diplomáticas de alto rango con las Naciones Unidas, en las que Otunnu no ha vacilado en defender los derechos humanos y en particular los intereses de la niñez.

El señor Otunnu y su equipo abordaron una misión de ocho días en Colombia al final de mayo en la cual sus objetivos apuntaron a resaltar el impacto del conflicto armado en los niños y niñas, identificando medidas concretas para asegurar una mayor protección para los niños afectados por el conflicto, promoviendo el respeto por los principios humanitarios y asegurando que la niñez ocupe un lugar prominente en la agenda de paz.

El conflicto afecta a los niños de muchas maneras. Se calcula que alrededor de 6.000 niños (menores de 18) están vinculados con los grupos armados, incluso niños de hasta 13 años. Además de trabajar en calidad de combatientes en los grupos armados, los niños se involucran como espías, fuentes de inteligencia, mensajeros, y escudos humanos. Todos estos papeles colocan indudablemente a los niños en riesgos enormes. 

La población de personas desplazadas está compuesta en un 65% por menores, siendo 975.000 los niños desplazados por el conflicto desde 1985. Desde 1995, se calcula que por lo menos 542.000 niños han sido desplazados. Los niños son también especialmente vulnerables a ser heridos o muertos por las minas anti-personales. Entre 1995 y 1996, 44 niños fueron asesinados o heridos por minas. Se conoce que al menos 53 municipios poseen campos de minas en sus territorios.

Durante su visita, el Señor Otunnu tuvo la oportunidad de reunirse con el Presidente Andrés Pastrana y otros representantes gubernamentales, incluyendo a Víctor G. Ricardo, el General Tapias y otros oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas, voceros de las FARC, representantes de la Iglesia, del sistema de la Naciones Unidas, del sector privado, de las ONG internacionales y representantes de la sociedad civil. Una solicitud específica de Save the Children fue que él dedicara tiempo para encontrarse y hablar con niños afectados por el conflicto. Estos encuentros se organizaron con grupos de niños en Soacha (afueras de Bogotá) y en Quibdó.

Se abordaron asuntos claves como la protección de la población civil, el cumplimiento de los principios y las normas humanitarias y el respeto por el trabajo de los defensores de los derechos humanos. El señor Otunnu también criticó fuertemente las prácticas del secuestro y toma de rehenes como instrumentos del conflicto, declarando: "Secuestrar es totalmente inaceptable para la comunidad internacional. Traumatiza familias, aterroriza comunidades y estigmatiza a los secuestrados". Hizo un llamado a todos los grupos alzados en armas a liberar todos los rehenes. En sus discusiones con el gobierno, abordó el asunto de reclutar menores de 18 por las Fuerzas Armadas. El gobierno anunció una nueva política de no reclutar menores de 18 y se comprometió a iniciar el proceso para aplicar el cambio legislativo correspondiente. 

En su discusión con los líderes de las FARC, fue hecha la promesa de no reclutar niños menores de 15. El gobierno también prometió avanzar hacia la ratificación del Tratado de Ottawa sobre la Prohibición de Minas anti-personales y el señor Otunnu hizo un llamado a todos los grupos de abstenerse de usar estos artefactos.

El señor Otunnu también urgió al gobierno a atender las necesidades de las personas desplazadas, especialmente con respeto a la salud, medidas sanitarias, el agua, el registro y las oportunidades económicas. También expresó su preocupación por su protección física y la necesidad de garantizar condiciones seguras para su retorno o reasentamiento.

La visita logró elevar el perfil de la niñez como parte directamente afectada en el proceso de paz, y lanzar una coalición amplia para apoyar y abordar las necesidades de los niños y niñas afectados por la guerra en Colombia. Save the Children apoya activamente esta coalición.

La visita fue un seguimiento oportuno y afortunado al estudio de Graça Machel, asegurando que los intereses y los derechos de la niñez tengan un alto perfil en la agenda de paz.

Al igual que Graça Machel, Olara Otunnu tuvo la oportunidad de presenciar la realidad enfrentada por los niños y niñas afectados por el conflicto, de preguntarles sobre sus experiencias, de compartir sus preocupaciones y escuchar sus opiniones. Estos testimonios personales no sólo son un registro vivido del impacto del conflicto en Colombia, sino que demuestran la participación activa de los niños en la misión de Otunnu.
 
 
Participación de niños/as en conflictos armados 

Son dos aspectos a tener en cuenta: Primero, el reclutamiento oficial de menores por Fuerzas Armadas Regulares y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, y segundo, el Reclutamiento de menores por Fuerzas Armadas regulares e irregulares a la luz del DIH (Protocolo I y II de 1997) en Colombia.

  1. Colombia aprobó la Convención sobre los Derechos del niño mediante la Ley 12 de 1991. El artículo 38 de esta Convención fija como edad mínima la de 15 años para participar en conflictos armados. Lo deseable y como lo vienen sosteniendo organismos internacionales de protección como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) es el de aumentar la edad mínima de reclutamiento de 15 a 18 años (Sustentación de este argumento puede consultarse en la Revista Internacional de la Cruz Roja N° 145, marzo 1998). 

  2. Al ratificar la Convención de 1991, Colombia formuló una reserva según la cual la edad mínima para participar en conflictos armados es la de 18 años y no de 15 como lo indica el artículo 38. En junio de 1996 el gobierno de turno retiró la reserva. Al respecto existen opiniones que indican que esta reserva no se ha levantado ya que no se siguieron los pasos requeridos por las Naciones Unidas para hacerlo, lo que podría dar lugar a la invalidez de los decretos y leyes promulgados con posterioridad a junio de 1996 que incluyan menores de 18 años (Decretos que hacen parte de la Prestación del Servicio Militar).

    De otro lado, en 1997 y a través del Mandato Ciudadano por la Paz, 10 millones de personas votaron entre otros aspectos por la no incorporación de menores al conflicto. 

    La ley 418 de 1998 en sus artículos 13 y 14 reglamentó una opción para los menores de edad que finalicen sus estudios; aplazar la prestación de servicio militar hasta que cumplan su mayoría de edad (18años). En caso de optar por prestar el servicio necesitan la autorización de sus padres y lo harán en áreas ajenas al conflicto. Con anterioridad a esta ley, los egresados de bachillerato entre los 16 y 18 años no tenían esta opción y al terminar prestaban el servicio militar como auxiliares, en cargos administrativos o desarrollando fines sociales (Ley 43 de 1993).

    Se espera que con los compromisos adquiridos por este gobierno con el Sr. Otunno, se reincorpore el límite de los 18 años sin ningún tipo de excepciones.

  3. El otro aspecto y dentro del ámbito de conflictos internos, es la edad mínima para participar en conflictos armados no internacionales a la luz del DIH, que es de 15 años y se encuentra regulada en el Protocolo II adicional a los convenios de Ginebra de 1949 (apartado c del párrafo 3 del artículo 4 del Protocolo II) de 1977 respecto de la Protección de Víctimas de los Conflictos Armados no internacionales. Este Protocolo entró en vigor en Colombia en 1999 y tiene un alcance que obliga a todos los grupos combatientes regulares e irregulares. Pero como vimos anteriormente, es muy posible que en el caso de los regulares la edad se incremente a los 18 años y en los irregulares seguirá siendo 15 años en cumplimiento del DIH.
De nuevo se espera que a la luz del DIH se dejen de reclutar niños menores de 15 por los grupos ilegales. Lo ideal, además de que termine el conflicto interno, es llegar a un consenso en el que la edad aplicable en Colombia sea la de 18 años para cualquier tipo de grupo armado regular o irregular, mientras propuestas como las de la CICR prosperan a nivel del DIH internacionalmente. Para mayor información sobre este tema consultar en UNICEF, Save The Children Fund y el CICR.
 

Editorial | Opinión | Recuadro de datosBreves | DIAL
 


Desarrollado por Proyecto Atarraya