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Contenido

  1. Editorial
  2. Tema de Opinión: En medio de un baile de máscaras las ONG, sus aportes y sus riesgos
  3. Notas sobre desplazamiento y cronograma.

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Miembros de DIAL
Observador

El contenido de esta publicación no refleja necesariamente la opinión de las agencias DIAL

 
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DIALOGO: 
Tema Central
Infromativo Bimestral Nº 1 · Mayo de 1999 · Versión en español
 

En medio de un baile de máscaras las ONG, sus aportes y sus riesgos

En Colombia, las ONG existen desde hace más de 25 años en los cuales han construido su identidad social y han tejido una rica red de personas e instituciones para el fortalecimiento de la sociedad civil colombiana. Sin reclamarse como el único actor de la sociedad, ni tampoco como el principal, estas ONG han actuado como hormigas, haciendo cada una desde su respectivo ámbito de acción (local, regional, nacional ó temático) sus aportes para este propósito. Cuando decimos "hormigas" no es para minimizar su rol, ni su impacto, sino para decir que el resultado del agregado es superior a la suma aritmética de lo que individualmente hacen. El hormiguero es mucho más que la suma de las hormigas, así como también lo son las complejas redes de comunicación y división del trabajo generadas al interior del hormiguero. 

Hoy, las ONG en Colombia cuentan con un acumulado institucional que se expresa en la búsqueda del respeto y la vigencia de los derechos humanos, civiles y políticos, sociales y culturales en toda Colombia. Esto las conecta de una manera particular a las expresiones diversas de nuestra sociedad y a sus problemas.  

A pesar de que se las quiera ver con una misma etiqueta - la del ser ONG -, son profundamente heterogéneas y variadas. Aunque la mayoría de ellas responde a un marco de valores éticos en los que fundamentan su acción, sus proyecciones son muy variadas: desarrollo social, ayuda humanitaria, influencia política, caridad y asistencia, investigación y capacitación, información y comunicación, y un larguísimo ETCETERA. Es por ello que no se puede simplificar su realidad, ni se las puede meter a todas en un mismo saco.  

Siguiendo una tendencia mundial, con un cierto "retraso" respecto a muchos países, se produjo el "fenómeno" de las ONG en Colombia. Aunque para algunos se trata de otro "colombianismo", son una realidad vigente en la mayoría de países en el mundo, del Norte como del Sur, y obedece a la irrupción de eso que tan fácilmente se denomina «sociedad civil» y que aún nos queda mucho por comprender en cuanto fenómeno social. Obedeciendo a un mismo "fenómeno" de expresión de sociedad civil, las ONG del Norte son muy diferentes en su quehacer y en sus misiones y mandatos. Mientras que en el Sur obedecen más a un problema de carencia y deficiencias en el acceso de la mayor parte de la ciudadanía a todo tipo de derechos (civiles, políticos, económicos y culturales), en el Norte hay dos grandes tipos de ONG: unas que responden a la crisis del "estado benefactor", y otras, existentes por más de 40 años (que aquí llamamos "agencias") y cuyo mandato principal es el de ejercer la solidaridad y el apoyo a proyectos de desarrollo. Entre ellas hay un grupo, no muy grande por cierto, que realiza acciones de ayuda humanitaria (ante desastres y situaciones consideradas como "emergencias") en países como Colombia, bajo principios de neutralidad, imparcialidad y solidaridad con los más afectados.  

Gracias a la solidaridad que se ha desarrollado entre ONG del norte y del sur, es que estas últimas han logrado desarrollar sus campos de acción y consolidarse institucionalmente. Hoy día es impensable suponer que unas u otras actúan solas. Antes por el contrario, en cualquiera que sea el campo de actividad (hábitat, mujeres, medioambiente, conflictos, comercio internacional, industrias extractivas, etc..), encontraremos un rico tejido de redes que cobijan una rica y compleja realidad nacional e internacional con capacidad de expresarse e influir institucionalmente a todos los niveles. La marcha de las hormigas es de carácter mundial. 

Cómo las afecta nuestro conflicto interno 

No es novedad afirmar que nos encontramos en medio de una guerra interna no convencional, que supera los cuarenta años de duración. Un conflicto que involucra de manera diferenciada, de región a región, cuatro polos armados: guerrilla, auto-defensas, narcotráfico y ejército regular colombiano. En cada una de las regiones, en medio del conflicto, actúan las ONG con una vocación de paz. Un total superior a 3,500 ONG (según cifras del censo producido por la Confederación Colombiana de ONG, en 1994). Nuestra guerra no es uniforme en todas las regiones, y en cada una de ellas se establecen alianzas diferenciadas entre los cuatro polos mencionados. Se generan simultáneamente cuatro visiones diferenciadas (desde cada una de ellas) sobre lo que cada uno de ellos «imagina» lo que son y lo que hacen las ONG. Comienza el baile de las máscaras! 

Estas cuatro visiones diferenciadas producen un cuadro de (in)seguridad que se hace más complejo, brutal y profundo en aquellas regiones en las cuales se juegan intereses tales como la tenencia de la tierra (Cauca y  

Costa Atlántica), mega-proyectos (Casanare, Chocó y Amazonía), y menos intensa (en por los varios actores ilegales en el conflicto está cambiando, todas tienen en común cuanto guerra abierta) en las ciudades intermedias y grandes como Cali, Medellín y Bogotá, en las cuales un peligro adicional proviene de la llamada violencia social y sus particularidades. 

Con la elección de Andrés Pastrana como presidente, hemos entrado en un proceso de paz que apenas se inició formalmente el pasado 7 de Enero. En sus escasos cuatro meses, el proceso ha mostrado varias de sus dificultades, de modo que sabemos cuándo comenzó, pero no sabemos cuánto durará ni las complejidades que encierre, ya que las particularidades y complejidades de nuestro proceso, lo hacen diferente al centroamericano ó al sudafricano ó al de otras regiones en el mundo. Aunque las estrategias implementadas: 

      
  • La brutalidad, expresada en masacres indiscriminadas (más de 350 muertos durante el últimos tres meses), con el propósito de ejercer un control territorial en regiones como Urabá ó Caquetá.
  • Secuestro, tortura y asesinatos selectivos, como ha sucedido con los dos miembros del comité de solidaridad con presos políticos o de un miembro de la Unión Patriótica y miembro de la CUT.
  • La definición de personal de las ONG como objetivo militar (la retención de los miembros del IPC expresa la otra cara de la estrategia: el reconocimiento político de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) como grupo beligerante.)
  • El secuestro y asesinato de los tres indígenas ambientalistas norteamericanos par parte de las FARC.
  • El secuestro del avión de AVIANCA y sus 46 ocupantes por parte del ELN.
En fin, son estos algunos de los rasgos principales de una guerra sucia que ha golpeado de una manera intensa a numerosos movimientos sociales (movimiento Indígena, movimientos políticos, tales como la UP, guerrillas que se insertaron a la vida civil, movimiento sindical) y que hoy comienza a tocar las ONG. 

En medio del conflicto y junto con otros actores sociales, las ONG han contribuido en la articulación del movimiento social por la paz que ya se ha expresado con suficiente fuerza a través del «Mandato Ciudadano por la Paz», primero, y de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, más tarde. Este movimiento presiona a los actores en conflicto para que cese la brutalidad de sus acciones y pongan en vigencia el Derecho Internacional Humanitario. Esta es una coyuntura que bien puede durar varios de los años que dure el proceso de paz, y que puede presentar varios escenarios: 

Escenario 1: desarrollo «normal» del proceso de paz. La agresión se mantiene ó se intensifica, mientras los varios actores ganan poder para negociar «mejor». Está por lograrse la humanización de la guerra y el espeto al DIH, el movimiento social por la paz se sigue articulando y fortaleciendo, y las auto-defensas siguen en su propósito de ser reconocidas como un actor político que participa en otros escenarios, además del escenario de la guerra. 

Escenario 2: el proceso de paz no avanza y la guerra sucia se intensifica, colocando en una situación más vulnerable a las ONG. Sería una situación más grave que la de hace diez años, pues habrían ganado espacio tanto las AUC como la guerrilla, sin que ninguna de las dos reconozca el DIH ni el rol que de hecho viene jugando la sociedad civil. Un escenario en que la sociedad civil queda desprotegida.  

Escenario 3: se logra incorporar al proceso a todos los actores (las AUC incluidas) y el peso de la Sociedad Civil es tan alto que se logra la humanización del conflicto y el respeto el DIH. 

Nos encontramos en el escenario No 1, pero es perfectamente posible que evolucionemos hacia el 2 ó el 3. Estando en la transición entre 1 y 2, nos movemos en un cierre de espacios en los que la población más vulnerable ve más difícil cualquier forma de atención, los derechos se vuelven retóricos y distantes y el destino queda en manos de los grupos armados con sus brutalidades y manipulaciones.  

Teniendo presente todo lo anterior, debemos tomar consciencia que en razón del mandato y las opciones institucionales de las ONG, las Agencias Internacionales nos movemos con co-partes y organizaciones, nacionales y extranjeras, que han venido siendo atacadas (por no decir diezmadas) y cuyos derechos han sido claramente violados e irrespetados. Puesto que nuestra posición es legítima y dentro del derecho (nacional e internacional) nos hemos pronunciado públicamente en la defensa de los derechos, no sólo del pueblo colombiano, sino también los de nuestras co-partes y organizaciones hermanas. 

Todo lo anterior significa que muy fácilmente, tanto las Agencias integrantes del DIAL como otras agencias hermanas, podemos ser «etiquetadas»: bien podemos ser identificadas como «reaccionarias» (por uno de los actores), «revolucionarias y subversivas» por otros de los actores, «auxiliadores ingenuos de la subversión» por otros de los actores. Además es posible que otros identifiquen nuestra organización como fuente de recursos económicos y vean valioso el lograr «compensación económica» a partir del secuestro (o retención) de nuestro personal.  

Podríamos estar en ésa otra tendencia, también mundial, caracterizada por la falta de respeto al personal humanitario (internacional) que ha producido tantos secuestros y muertes (en Rwanda, en el Cáucaso, etc.), con el resultado inmediato de una población civil más desprotegida y sin acceso a la ayuda humanitaria.  

En fin, podemos considerar estas y muchas otras posibilidades, para llegar a la misma conclusión: dentro de la actual coyuntura estamos en situación de muy alto riesgo, y es preciso tomar consciencia de la situación.  
 

Coincide la comunidad internacional sobre violación de Derechos Humanos en Colombia 

Si algo coinciden en señalar los distintos informes de derechos humanos sobre la situación en Colombia es la gravedad del tema. El informe anual del Departamento de Estado de E.U publicado el 25 de febrero de este año y los pronunciamientos de Harold Koh y del Embajador Curtis Kamman son enfáticos en criticar la participación de los distintos actores armados en el agravamiento de la violencia en el país y señalan el desplazamiento de 700 mil personas en tres años como uno de las más graves consecuencias del conflicto. El informe de la 55 sesión del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Derechos Humanos publicado el 16 de marzo de 1999, dedica un apartado al tema del desplazamiento y da la explicación completa del fenómeno a la vez que hace recomendaciones al respecto. Mientras tanto los parlamentarios europeos el 18 de marzo de este año centraron sus críticas en la proliferación de los grupos de autodefensa e instaron al gobierno a combatirlos de frente. El tercer informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitido a finales de marzo pide por último que los actores del conflicto definan quiénes son los combatientes para evitar la muerte injustificada de civiles y trazan un cuadro descriptivo del fenómeno del desplazamiento. Lo cierto es que los pronunciamientos y las recomendaciones hechas por la comunidad internacional no son cumplidos por el Gobierno colombiano y el fenómeno del desplazamiento en Colombia se enfrenta a la improvisación y a la falta de políticas sociales, tanto de prevención como de acción inmediata. Con la visita de Francis Deng el próximo 19 de mayo se espera que se verifique el cumplimiento de las recomendaciones formuladas a la luz de los Principios Rectores de las Naciones Unidas para Desplazados en su primera visita a Colombia en 1994.
 

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