En medio de un baile de máscaras las
ONG, sus aportes y sus riesgos
En Colombia, las ONG existen
desde hace más de 25 años en los cuales han construido su
identidad social y han tejido una rica red de personas e instituciones
para el fortalecimiento de la sociedad civil colombiana. Sin reclamarse
como el único actor de la sociedad, ni tampoco como el principal,
estas ONG han actuado como hormigas, haciendo cada una desde su respectivo
ámbito de acción (local, regional, nacional ó temático)
sus aportes para este propósito. Cuando decimos "hormigas" no es
para minimizar su rol, ni su impacto, sino para decir que el resultado
del agregado es superior a la suma aritmética de lo que individualmente
hacen. El hormiguero es mucho más que la suma de las hormigas, así
como también lo son las complejas redes de comunicación y
división del trabajo generadas al interior del hormiguero.
Hoy, las ONG en Colombia
cuentan con un acumulado institucional que se expresa en la búsqueda
del respeto y la vigencia de los derechos humanos, civiles y políticos,
sociales y culturales en toda Colombia. Esto las conecta de una manera
particular a las expresiones diversas de nuestra sociedad y a sus problemas.
A pesar de que se las quiera
ver con una misma etiqueta - la del ser ONG -, son profundamente heterogéneas
y variadas. Aunque la mayoría de ellas responde a un marco de valores
éticos en los que fundamentan su acción, sus proyecciones
son muy variadas: desarrollo social, ayuda humanitaria, influencia política,
caridad y asistencia, investigación y capacitación, información
y comunicación, y un larguísimo ETCETERA. Es por ello que
no se puede simplificar su realidad, ni se las puede meter a todas en un
mismo saco.
Siguiendo una tendencia mundial,
con un cierto "retraso" respecto a muchos países, se produjo el
"fenómeno" de las ONG en Colombia. Aunque para algunos se trata
de otro "colombianismo", son una realidad vigente en la mayoría
de países en el mundo, del Norte como del Sur, y obedece a la irrupción
de eso que tan fácilmente se denomina «sociedad civil»
y que aún nos queda mucho por comprender en cuanto fenómeno
social. Obedeciendo a un mismo "fenómeno" de expresión de
sociedad civil, las ONG del Norte son muy diferentes en su quehacer y en
sus misiones y mandatos. Mientras que en el Sur obedecen más a un
problema de carencia y deficiencias en el acceso de la mayor parte de la
ciudadanía a todo tipo de derechos (civiles, políticos, económicos
y culturales), en el Norte hay dos grandes tipos de ONG: unas que responden
a la crisis del "estado benefactor", y otras, existentes por más
de 40 años (que aquí llamamos "agencias") y cuyo mandato
principal es el de ejercer la solidaridad y el apoyo a proyectos de desarrollo.
Entre ellas hay un grupo, no muy grande por cierto, que realiza acciones
de ayuda humanitaria (ante desastres y situaciones consideradas como "emergencias")
en países como Colombia, bajo principios de neutralidad, imparcialidad
y solidaridad con los más afectados.
Gracias a la solidaridad
que se ha desarrollado entre ONG del norte y del sur, es que estas últimas
han logrado desarrollar sus campos de acción y consolidarse institucionalmente.
Hoy día es impensable suponer que unas u otras actúan solas.
Antes por el contrario, en cualquiera que sea el campo de actividad (hábitat,
mujeres, medioambiente, conflictos, comercio internacional, industrias
extractivas, etc..), encontraremos un rico tejido de redes que cobijan
una rica y compleja realidad nacional e internacional con capacidad de
expresarse e influir institucionalmente a todos los niveles. La marcha
de las hormigas es de carácter mundial.
Cómo las afecta
nuestro conflicto interno
No es novedad afirmar que
nos encontramos en medio de una guerra interna no convencional, que supera
los cuarenta años de duración. Un conflicto que involucra
de manera diferenciada, de región a región, cuatro polos
armados: guerrilla, auto-defensas, narcotráfico y ejército
regular colombiano. En cada una de las regiones, en medio del conflicto,
actúan las ONG con una vocación de paz. Un total superior
a 3,500 ONG (según cifras del censo producido por la Confederación
Colombiana de ONG, en 1994). Nuestra guerra no es uniforme en todas las
regiones, y en cada una de ellas se establecen alianzas diferenciadas entre
los cuatro polos mencionados. Se generan simultáneamente cuatro
visiones diferenciadas (desde cada una de ellas) sobre lo que cada uno
de ellos «imagina» lo que son y lo que hacen las ONG. Comienza
el baile de las máscaras!
Estas cuatro visiones diferenciadas
producen un cuadro de (in)seguridad que se hace más complejo, brutal
y profundo en aquellas regiones en las cuales se juegan intereses tales
como la tenencia de la tierra (Cauca y
Costa Atlántica),
mega-proyectos (Casanare, Chocó y Amazonía), y menos intensa
(en por los varios actores ilegales en el conflicto está cambiando,
todas tienen en común cuanto guerra abierta) en las ciudades intermedias
y grandes como Cali, Medellín y Bogotá, en las cuales un
peligro adicional proviene de la llamada violencia social y sus particularidades.
Con la elección de
Andrés Pastrana como presidente, hemos entrado en un proceso de
paz que apenas se inició formalmente el pasado 7 de Enero. En sus
escasos cuatro meses, el proceso ha mostrado varias de sus dificultades,
de modo que sabemos cuándo comenzó, pero no sabemos cuánto
durará ni las complejidades que encierre, ya que las particularidades
y complejidades de nuestro proceso, lo hacen diferente al centroamericano
ó al sudafricano ó al de otras regiones en el mundo. Aunque
las estrategias implementadas:
-
La brutalidad, expresada en
masacres indiscriminadas (más de 350 muertos durante el últimos
tres meses), con el propósito de ejercer un control territorial
en regiones como Urabá ó Caquetá.
-
Secuestro, tortura y asesinatos
selectivos, como ha sucedido con los dos miembros del comité de
solidaridad con presos políticos o de un miembro de la Unión
Patriótica y miembro de la CUT.
-
La definición de personal
de las ONG como objetivo militar (la retención de los miembros del
IPC expresa la otra cara de la estrategia: el reconocimiento político
de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) como grupo beligerante.)
-
El secuestro y asesinato de
los tres indígenas ambientalistas norteamericanos par parte de las
FARC.
-
El secuestro del avión
de AVIANCA y sus 46 ocupantes por parte del ELN.
En fin, son estos algunos de
los rasgos principales de una guerra sucia que ha golpeado de una manera
intensa a numerosos movimientos sociales (movimiento Indígena, movimientos
políticos, tales como la UP, guerrillas que se insertaron a la vida
civil, movimiento sindical) y que hoy comienza a tocar las ONG.
En medio del conflicto y
junto con otros actores sociales, las ONG han contribuido en la articulación
del movimiento social por la paz que ya se ha expresado con suficiente
fuerza a través del «Mandato Ciudadano por la Paz»,
primero, y de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, más
tarde. Este movimiento presiona a los actores en conflicto para que cese
la brutalidad de sus acciones y pongan en vigencia el Derecho Internacional
Humanitario. Esta es una coyuntura que bien puede durar varios de los años
que dure el proceso de paz, y que puede presentar varios escenarios:
Escenario 1: desarrollo
«normal» del proceso de paz. La agresión se mantiene
ó se intensifica, mientras los varios actores ganan poder para negociar
«mejor». Está por lograrse la humanización de
la guerra y el espeto al DIH, el movimiento social por la paz se sigue
articulando y fortaleciendo, y las auto-defensas siguen en su propósito
de ser reconocidas como un actor político que participa en otros
escenarios, además del escenario de la guerra.
Escenario 2: el
proceso de paz no avanza y la guerra sucia se intensifica, colocando en
una situación más vulnerable a las ONG. Sería una
situación más grave que la de hace diez años, pues
habrían ganado espacio tanto las AUC como la guerrilla, sin que
ninguna de las dos reconozca el DIH ni el rol que de hecho viene jugando
la sociedad civil. Un escenario en que la sociedad civil queda desprotegida.
Escenario 3: se
logra incorporar al proceso a todos los actores (las AUC incluidas) y el
peso de la Sociedad Civil es tan alto que se logra la humanización
del conflicto y el respeto el DIH.
Nos encontramos en el escenario
No 1, pero es perfectamente posible que evolucionemos hacia el 2 ó
el 3. Estando en la transición entre 1 y 2, nos movemos en un cierre
de espacios en los que la población más vulnerable ve más
difícil cualquier forma de atención, los derechos se vuelven
retóricos y distantes y el destino queda en manos de los grupos
armados con sus brutalidades y manipulaciones.
Teniendo presente todo lo
anterior, debemos tomar consciencia que en razón del mandato y las
opciones institucionales de las ONG, las Agencias Internacionales nos movemos
con co-partes y organizaciones, nacionales y extranjeras, que han venido
siendo atacadas (por no decir diezmadas) y cuyos derechos han sido claramente
violados e irrespetados. Puesto que nuestra posición es legítima
y dentro del derecho (nacional e internacional) nos hemos pronunciado públicamente
en la defensa de los derechos, no sólo del pueblo colombiano, sino
también los de nuestras co-partes y organizaciones hermanas.
Todo lo anterior significa
que muy fácilmente, tanto las Agencias integrantes del DIAL como
otras agencias hermanas, podemos ser «etiquetadas»: bien podemos
ser identificadas como «reaccionarias» (por uno de los actores),
«revolucionarias y subversivas» por otros de los actores, «auxiliadores
ingenuos de la subversión» por otros de los actores. Además
es posible que otros identifiquen nuestra organización como fuente
de recursos económicos y vean valioso el lograr «compensación
económica» a partir del secuestro (o retención) de
nuestro personal.
Podríamos estar en
ésa otra tendencia, también mundial, caracterizada por la
falta de respeto al personal humanitario (internacional) que ha producido
tantos secuestros y muertes (en Rwanda, en el Cáucaso, etc.), con
el resultado inmediato de una población civil más desprotegida
y sin acceso a la ayuda humanitaria.
En fin, podemos considerar
estas y muchas otras posibilidades, para llegar a la misma conclusión:
dentro de la actual coyuntura estamos en situación de muy alto riesgo,
y es preciso tomar consciencia de la situación.
Coincide la comunidad
internacional sobre violación de Derechos Humanos en Colombia
Si algo coinciden en señalar
los distintos informes de derechos humanos sobre la situación en
Colombia es la gravedad del tema. El informe anual del Departamento de
Estado de E.U publicado el 25 de febrero de este año y los pronunciamientos
de Harold Koh y del Embajador Curtis Kamman son enfáticos en criticar
la participación de los distintos actores armados en el agravamiento
de la violencia en el país y señalan el desplazamiento de
700 mil personas en tres años como uno de las más graves
consecuencias del conflicto. El informe de la 55 sesión del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para Derechos Humanos publicado el 16
de marzo de 1999, dedica un apartado al tema del desplazamiento y da la
explicación completa del fenómeno a la vez que hace recomendaciones
al respecto. Mientras tanto los parlamentarios europeos el 18 de marzo
de este año centraron sus críticas en la proliferación
de los grupos de autodefensa e instaron al gobierno a combatirlos de frente.
El tercer informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
emitido a finales de marzo pide por último que los actores del conflicto
definan quiénes son los combatientes para evitar la muerte injustificada
de civiles y trazan un cuadro descriptivo del fenómeno del desplazamiento.
Lo cierto es que los pronunciamientos y las recomendaciones hechas por
la comunidad internacional no son cumplidos por el Gobierno colombiano
y el fenómeno del desplazamiento en Colombia se enfrenta a la improvisación
y a la falta de políticas sociales, tanto de prevención como
de acción inmediata. Con la visita de Francis Deng el próximo
19 de mayo se espera que se verifique el cumplimiento de las recomendaciones
formuladas a la luz de los Principios Rectores de las Naciones Unidas
para Desplazados en su primera visita a Colombia en 1994. |
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